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miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuento Ganador

Con el siguiente cuento , David Chávez comparte la victoria junto con Fernanda (la ganadora del 1er virtuality Caza de Letras de la UNAM) en el concurso mensual de minificción de Las Historias (febrero), de Alberto Chimal.

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¿A poco no se parece a mí?


-Cincuenta días después de haber resucitado nos citó a todos en una casa, más bien era una especie de local. Ya habíamos hecho una que otra fiesta ahí, como el cumpleaños de Pedro, por ejemplo, o la despedida de soltero de Mateo, o nos juntábamos a ver los partidos de la selección nacional. Esas reuniones siempre terminaban en borrachera: cuando se acababa la chela a Jesús le daba por pedir agua en tinajas y la convertía en más chela, o vodka, o tequila, según anduviera de humor. Yo conocía al dueño, rentaba el local, compraba las cosas y después les pasaba las cuentas para que ellos me dieran el dinero.

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Quería decirnos que se regresaba a su tierra porque a su papá le estaba yendo bien en el negocio y le ofreció que le ayudara. Así que no nos veríamos más por un buen tiempo, hasta que él volviera por acá, y quería despedirse como se debe. Y ya habíamos comenzado a celebrar y a comer cuando de repente se escuchó un pinche ruido afuera, en el techo, en el cielo. Pensamos que era el viento, ya ve usted los pinches ventarrones que se sueltan por acá, pero no, nada. Nos asomamos a las ventanas y nada. Creímos que eran otra vez las lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de nosotros, como hizo antes de navidad, y que resultaron ser las luces que contrató Santiago el del Zebedeo para amenizar la posada. Él salió con sus ondas de que era el espíritu del Santo y no sé qué otros rollos.

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Ese día se quedó callado y después del ruidajo todos comenzaron como a hablar en otras lenguas, pero la verdad es que ya estaban todos borrachos. El vodka le quedó chafísima y luego intentó hacer whisky que más bien parecía champurrado. Me dieron ganas de vomitar. Fui al baño pero Tadeo estaba ocupándolo. Simón Pedro me alcanzó a ver cuando crucé el pasillo para ir al patio trasero y comenzó a reclamarme por el local, que estaba muy madreado, que por 30 monedas él encontraba otra cosa más perrona y mejor que esta y la madre. Ni le alegué. Pinche cabezota de piedra que tiene el muy necio. Luego llegó Tomás, Pedro le presumió de la mota y como el otro no le creía se tuvo que mochar. El olor nunca me gustó por eso me fui hasta el fondo del huerto, a un ladito de los olivos. Y cuando comencé a vomitar fue que madres, cayó el avión.

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Yo creo que por eso diosito me salvó, porque ps no soy tan atascado como esos cabrones, que en paz descansen. El que no era borracho era mujeriego y el que no era bien transa. Santiago estaba armando un negocito con merca robada. No éramos unos angelitos, pero cada quien sobrevive como puede, ¿no? Y pues ahí de a poquito en poquito la llevábamos; nos comenzaba a ir bien. Y mire, no es por nada, ni porque yo sea celoso o vengativo o mala onda, ¿verdad?, pero la neta, ¿ve a ese niño de ahí? Apses m’ijo. Aquellos güeyes decían que no, que Jesús me había pedaleado la bicicleta, que le hizo el milagrito a mi vieja. ¿Y sabe qué más? Magdalena podrá ser todo lo que usted quiera pero nunca infiel. Además el morrito tiene toda mi cara. ¿A poco no se parece a mí?

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